lunes, 22 de septiembre de 2008

El nuevo día : La V Región


Desperté en el bus como a las 7 a.m. y habían muchos durmiendo, pero aún asi Catrián estaba despierto, y sólo había podido dormir algunos minutos. Al poco sirvieron desayunos y ya empezaba a haber movimiento, pero igual cerraba los ojos a ratos.

Ya en Santiago, nos bajamos como por 5 min. y ya había que partir de nuevo, Vaparaíso nos esperaba. En el camino nos mostraron una película llena de efectos especiales que iba en inversa proporcionalidad a su guión, pésimo, pobre ... una basura, prefiero descansar un poco y mirar el paisaje lleno de viñas y paltos.

Al fin el bus llegaba a Valparaíso, ciudad de cerros, escaleras, edificios coloniales, escaleras, flaites, y más escaleras pero con mas peldaños. En el terminal, tuvimos que andar en grupo, ya que los lanzas andaban a la orden del día, todavía era de mañana y ya comenzaban a trabajar.

Nos movilizamos con una micro del sector y fuimos mirando como cambiaba el paisaje a nuestro rededor. El cambio de Valpo a Viña del Mar era demasiado notorio; los edificios antiguos eran cambiados por edificios modernos de grandes magnitudes, con mas color y otro tipo de gente.

Seguiamos avanzando y cada vez mas hoteles y exclusividad, hasta que en algún lugar volvimos a la realidad y aparecieron acojedoras cabañas cerca del mar: estabamos en con concón.

Nos bajamos y nos fuimos directos a las cabañas Doña Bernarda, las cuales nos parecieron espectaculares. Nos or denamos y la división de las cabañas por número quedó así: FBA, Cangry; Parada, Catrián, Giraldi, Yo; Profe Harold, Lucho, Goro, Richie, Ñato; 5º Profe Héctor, Pansho, Mito, Freddy, 6º Pauly , María, Kote, Naty, 7º Negra, Paola, Dany, Shika .
Para el almuerzo, nada mejor que inaugurar nuestra llegada con un buen asado, asi que usamos las parrillas que nos propiciaban las cabañas. Después de la comida, nos pusimos a recorrer la costa, a la cual había que llegar bajando unas largas escaleras que ya me veía subiéndolas de vuelta. Con Catrián, Parada, Giraldi y yo, nos detuvimos en cierto sector donde había un cerro que daba a la carretera, y arriba había un edificio abandonado, así que con Catrián nos dispusimos a escalarlo y entrar en el. En un momento nos agarramos a las sarsas para usarlos como cuerda, ya que no disponíamos de nada más. El edificio tenía algunas paredes rotas, así que daban con una buena vista, pero tuvimos que bajar rápido debido a que trabajadores merodeaban el sector



En camino a nuestro destino

Estando ya todos en el bus, nos organizamos en cuanto a los asientos que teníamos disponibles. Eramos dueños de casi todo el segundo piso, habíamos partido a las 11:50 y de lo que menos pensabamos era en el dormir. El ambiente era activo y grato, todos conversando y parándonos de vez en cuando para movilizarnos por el pasillo. De ahi pasamos a los juegos y a las risas, pero desgraciadamente no eramos los únicos pasajeros ya que había gente ( de la que ni me percaté) que venía al lado de nosotros y que empezaron a reclamarle al auciliar del ruido que hacíamos, que querían dormir, tenían que trabajar al día siguiente... y todo eso que en el momento ni nos preocupó.

Pasaban las horas y el ambiente era mas tranquilo ( varios estaban ya dormidos) ya que era una hora prudente para que descansaran esas pobres personas ( 4:00 a.m.) . Yo ya iba por ese mismo camino, pero me daba cuenta de que a mi compañero de ventana, Catrián no le daba ni sueño, iba de lo mas bien escuchando música. He aquí el comienzo de las aventuras del legendario Carlos Turbina, del cual sus proezas iban a ser recordadas mas adelante.

En lo general el bus estaba de lo mas cómodo, era semi-cama, pero igual tuvo sus problemas, ya que al Mito con la Pauly, se les estaba pasando el agua... O.o Por dónde??? Con mi estado de semiinconsciencia no logré fijarme, pero creo que fue por las lucecitas típicas que tienen arriba de los asientos los buses. Y de ahi sucumbí derrotado ante el sueño y no se que pasó después.

The Last Escape

No mas ilusiones, no mas falsa esperanza... el día concreto llegaba, comenzaba la verdadera partida, al fin ...
Adios a la lluvia y el frío, al humo asfixiante y al viento que cala hasta los huesos.

Era tiempo ya de alejarme de esta pequeña ciudad, del barro y la humedad que diariamente me acompañaba a donde quisiera partir. Pero ya no, esta semana no me podrá seguir. Dejaré este interminable invierno, quedará el sur atrás, y podré cambiar de un día a otro , a ese color y calor de verano.

Al fin algo nuevo, distinto ; eso es lo que me otorga el viaje, algo diferente en que enfocarme, algo nuevo que vivir. Ya nada impide continuar, todo va conmigo y no necesito nada más.

La útima salida nos estaba esperando, en aquel tranquilo terminal rodoviario, a cada uno de los que queríamos dejar Temuco atrás.